La inseguridad en mexico.

 

Tomado de milenio.com

Uriel Herrera llegó al hospital con todo su cuerpo lleno de esquirlas. Su estómago y sus testículos estaban “expuestos” en medio de un chorro de sangre, en pleno centro de Morelia.

Las heridas de Uriel describen una parte lo que fue la tragedia de Morelia. Es la escena triste que se repite en las conversaciones de las esquina de la ciudad, envuelta ahora en un luto inexplicable.

Cerca de Uriel yacía el cuerpo de su abuela Elisa Guerrero García, inmóvil, inerte. Ya no respiraba. Ahí también estaban tirados sus tíos José y Rocío García; un poco más lejos vio a Alexia, la pequeña de un año que José cargaba segundos antes de la explosión.

“Todos caímos al suelo”, le dijo Uriel a la enfermera Isabel Doñate.

“Cayó una bomba y ya no pudimos levantarnos”, le detalló el joven de 13 años, segundos antes de sedarlo por el incontenible dolor que le quebrantaba.


Una bomba, por el amor de Dios..

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